
Si dos años atrás hicimos cientos de kilómetros, con miles de curvas, entre valles, ríos, montañas, o junto al mar, este año… TAMBIÉN!!!
En un mundo en plena transformación, donde el poner fronteras, ideológicas, personales, culturales e incluso físicas, viene siendo la inevitable y recurrente consecuencia de la necedad propia de este ínfimo habitante del planeta que es el Ser Humano, os proponemos comenzar el verano recorriendo un espacio libre de estas cargas, donde el término “frontera” no es más que un lejano recuerdo de barreras en blanco y negro, de largas esperas ante la ventanilla del “nada que declarar”, del pasaporte sellado…
Igual que hace dos años, nos reencontramos con los amigos, permanentemente añorados, venidos de lo que antaño eran otros reinos, junto al Gran Río, aquel que ha visto navegar por sus aguas a celtas, romanos, vikingos o piratas, y que hoy no pide papeles.
Igual que hace dos años, el primer abrazo nos lo daremos en la orilla portuguesa, donde “hola” significa lo mismo aunque se escriba de otra forma; y el último, en la parte española, donde “até logo” siempre se ha entendido como el deseo de vernos pronto.
Igual que hace dos años, pasaremos de un lado a otro a voluntad, para gozar de un paisaje cambiante, abrumador por momentos, fascinante las más de las veces; serpenteando en hilera de insectos por la grandeza de estas tierras… Una puesta de sol desde una atalaya inigualable, dos ríos majestuosos, un océano, un parque natural hechizante, una preciosa villa histórica, dos países, tres lenguas… y una gastronomía digna de un roadstero.
Igual que hace dos años, el Alto Minho y el Baixo Miño… Cientos de kilómetros, con miles de curvas, entre valles, ríos, montañas, o junto al mar, este año… TAMBIÉN!!!

